Juventud


El joven no es un huésped, ni un extraño, ni un descabellado... Es una nueva promesa, un nuevo amanecer, un nuevo hallazgo...

Zenaida Bacardí de Argamasilla

Los jóvenes son como las plantas: de los primeros frutos se ve lo que podemos esperar del porvenir.
Demócrito

Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud
Quino

lunes, 8 de febrero de 2010

Beneficios y perjuicios de las redes sociales

El desarrollo de las TIC en los últimos años nos ha permitido a los seres humanos facilitar nuestra vida diaria,el trabajo, la comodidad, el ocio, etc. Pero lo que más ha favorecido este avance es, sin duda, la comunicación entre las personas. Y esto es precisamente lo que nos permiten las redes sociales: relacionarse. Mantener el contacto con los ya conocidos y entablar nuevas amistades con intereses comunes, interactuar y compartir contenidos, son algunas de las ventajas que tienen las nuevas redes sociales, dentro de las llamadas Webs 2.0




La información vuela de un sitio para otro en estas páginas. Y por lo tanto, si tenemos un perfil personal en una red social (llámese Tuenti, Facebook, Fotolog, Youtube...) cualquier persona de todos los puntos del planeta puede tener acceso a esa información y hacer un libre uso de la misma, lo que supone uno de los grandes inconvenientes de las redes sociales: la invasión de la privacidad. Muchos usuarios (sobretodo la gente más joven) no toma precauciones suficientes a la hora de difundir información personal y estos descuidos pueden llevar a problemas como la pedofilia, la pornografía infantil, amenazas, robos…
Además, muchas empresas han reconocido que utilizan las redes sociales para vigilar la vida personal de sus trabajadores, lo que provoca numerosos despidos.
Las redes sociales crean también un desequilibrio social entre los que tienen acceso a la tecnología, a la información y a las mismas redes, y entre los que no pueden permitirse tal acceso, y puede llevar a casos de discriminación y acentuar más las diferencias que ya existen en el mundo.

Pero el principal problema que, bajo mi punto de vista, tienen las redes sociales es sin duda, la adicción. Y es que, paradójicamente, la gran ventaja de estas redes es que favorecen la comunicación y las relaciones (de ahí su denominación "red social") y el gran problema es el deterioro de las relaciones personales en nuestro entorno, principalmente en la familia. 

Porque tendemos a comunicarnos cada vez más por el ordenador y perdemos viejas y sanas costumbres como quedar con los amigos, hacer deporte, leer…
Aunque los grandes perjudicados en este aspecto son sin duda, los padres. En las familias actuales reina, por lo general, la incomunicación entre sus miembros. Cada vez los jóvenes se hacen más independientes dentro de su propia casa. Viven por y para el ordenador y dependen exclusivamente de él para relacionarse con los demás. Y los padres, resignados, permiten que sus hijos se encierren en su habitación y pasen horas y horas en Internet, sin controlar qué hacen, en qué tipo de páginas están metidos y sobretodo, qué hacen público de sus vidas privadas. Numerosos son los casos que conocemos de niñas secuestradas por violadores que se dedican a controlarlas a través de su red social, o la utilización de las fotos que cuelgan para fines publicitarios o pedófilos. Por este motivo, los padres son la base de la pirámide para luchar contra estos problemas. Deben controlar diariamente a sus hijos, ponerles límites, obligarles a hacer otras cosas, facilitarles actividades con las que entretenerse como la lectura o las actividades extraescolares. Bien es cierto que los mismos padres carecen de la información necesaria sobre estos peligros y sobre las tecnologías en general. Estamos viviendo una generación en la que los hijos estamos mucho más adelantados en cuestiones informáticas que los padres o los profesores. Y esto es una responsabilidad que acarrea directamente al Estado, que tiene la obligación de promover cursos educacionales y didácticos gratuitos para los adultos, y mostrarles cómo pueden controlar el mundo informatizado, virtual y a veces peligroso en el que viven sus hijos.
Además, la adición a las redes sociales conlleva el deterioro del lenguaje, tanto oral, que cada vez se utiliza menos y el escrito, pues se descuida la redacción y la manera de escribir, con el llamado fenómeno SMS y el olvido casi total de la lectura.

Los propietarios de las redes sociales tienen el deber y la responsabilidad de colaborar para que éstas mejoren y los peligros a los que se ven expuestos sus usuarios, se anulen. Propongo que se instale un filtro de edad REALMENTE EFICAZ en todas las redes sociales, por obligación, y que los menores de edad que se les permita usar estas redes, sean controlados y se vean obligados a informar a los padres de la existencia de dicho perfil, proteger la privacidad y los datos personales, sin posibilidad de venderlos para fines comerciales y que cada usuario controle quién ve su perfil.





En definitiva, pienso que las redes sociales son positivas para nuestra vida diaria pero como siempre, todos los extremos tienen vicio y se deben usar con moderación, sin descuidar otras formas de pasar el tiempo más educativas y sanas. Además, se debe mejorar continuamente dichas redes para evitar peligros y consecuencias graves para todos los que, como yo, hacemos uso de las mismas.


domingo, 7 de febrero de 2010

La solidaridad entre los jóvenes

¿Existe solidaridad entre los jóvenes?

La mayoría de los adultos son escépticos ante esta cuestión. De nosotros solo se recuerda la imágen del vandalismo, de la diversión sin límite, de la locura, de la ley del más fuerte...
Pero nuestro mundo, al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, no está totalmente dominado por el alcohol, el tabaco, las drogas, la violencia... En algunos casos, existen valores, como la solidaridad, que se manifiesta de distintas maneras en cada uno de nosotros, dependiendo de la personalidad y los recursos que se tengan.
La juventud se encuentra en un punto intermedio entre el egoísmo de cuando somos pequeños y queremos ser los más importantes y vivimos totalmente ajenos a los problemas de los demás, y la vejez, donde en la mayoría de los casos, piensan, como los niños, en llamar la atención de alguna manera para no ser olvidados y morir en paz, pues, desengañados porque no consiguieron cambiar el destino de mucha gente cuando, en su momento, lo intentaron, y desencantados por el trato de la vida y del tiempo, no se sienten en deuda con el mundo y, por tanto, tampoco entre los que habitamos en él. 
Y nosotros, jóvenes, adolescentes, siempre en el medio, sin un lugar fijo, sin un modelo determinado, al crecer, comenzamos a ser conscientes de los graves problemas sociales que existen y nos enrabieta que constantemente nos pidan solidaridad y que no se den cuenta de que nosotros, en apariencia, no podemos hacer nada.

Pero esto no es del todo así. Existen muchos jóvenes en el mundo que intentan demostrar que, a pesar de no tener muchos  recursos y posibilidades económicas, todos podemos ayudar, haciendo lo que mejor sabemos, lo que más nos gusta o simplemente, buscar una excusa para hacer felices a los demás. Y esto lo digo con conocimiento de causa y experiencia personal, ya que participo en grupos culturales de jóvenes (de teatro, venta de productos, danza, música) cuyas actuaciones son siempre con fines solidarios y nunca utilizamos el dinero que recaudamos para nosotros mismos, a pesar de que carecemos de subvenciones. Colaboramos en todo lo que nos piden, estamos horas y horas ensayando, sin recibir más que la satisfacción de que haremos a la gente disfrutar y ayudaremos a los que más lo necesitan. Pero la solidaridad, como ya he dicho anteriormente, también se ve en otros aspectos de la vida de los jóvenes, por ejemplo, en aquel que ofrece su amistad a un inmigrante que acaba de llegar a España, en los que se acercan a los marginados y a los que no tienen amigos o en quién intenta ayudar a un compañero que pasa dificultades, que sufre la pérdida de algún familiar, o tiene algún problema físico o psicológico.

Como demuestran las cifras, la solidaridad no entiende de edades. Concretamente, tres de cada cinco componentes de ONG's solidarias como Cruz Roja y Manos Unidas eran menores de 25 años en 2009, según el Instituto Nacional de Estadística.


Y es que, como dice un buen amigo mío, Álvaro Esteban, la solidaridad no entiende de edades, sino que es algo con lo que se nace, y si alguien es solidario, lo será de joven y de adulto. Es una reacción a las señales de enfermedad que nos da el mundo. Los hay que ignoran estas señales y los hay que se implican con los problemas de la tierra en la que vivimos y de nuestros semejantes.

Bien es cierto que, desgraciadamente, todo esto también tiene su otra cara y es la pérdida total estos valores en una gran parte de la juventud actual, sin más pensamiento que el de su propio beneficio y diversión, el odio, el rencor y una forma de actuar dirigida siempre según los intereses de cada uno. 
Esto se debe, en mi opinión, al ambiente educacional que vivimos los jóvenes en nuestros días. ¿Qué va a pensar un chaval que ve como en su propia casa, su padre habla continuamente de que deberían echar a los inmigrantes del país, puesto que les quitan todos los puestos de trabajo? ¿o otro joven al que le meten en la cabeza que para qué vamos a colaborar con Haití si el dinero "se lo quedan los curas"? ¿y aquel al que televisión y la publicidad le incitan al consumismo, a poseer cada vez más, y que le dicen que el camino para lograr la felicidad es tener unas deportivas Nike, beber Pepsi, un ordenador Toshiba de última generación y un móvil multimedia con tecnología 3G? ¿acaso no conviene para la situación económica de los países más ricos que los jóvenes seamos egoistas y consumamos, pidamos y ansiemos cada vez más para nosotros? ¿como no vamos a ser insolidarios si nadie nos ha enseñado ni mostrado que la verdadera felicidad se encuentra en que una acción tuya sea capaz de provocar la sonrisa de una persona que lo pasa mal y que no ha tenido la suerte que tenemos nosotros?

La solución está clara: concienciación. Promover las actuaciones solidarias entre los jóvenes es tarea de todos. Se debe inculcar valores, desde las familias, pasando por los profesores y terminando entre nosotros, el grupo de amigos.
Intentar, de alguna manera, concienciar a las nuevas generaciones que el mundo no es sólo lo que conocemos nosotros o lo que nos quiere enseñar la televisión. El mundo es duro, el mundo es desigual y cruel y realmente, hay muchísima gente que lo pasa mal. Lo que tenemos nosotros no es "lo normal".  Somos tremendamente afortunados, simplemente, por tener padres, por poder comer, por tener escuela... ¿o acaso pensáis que, porque todos nuestros amigos lo tengan, también lo tiene el resto del planeta? No conocemos otra cosa y tal vez por esto no somos conscientes de que todo lo que se nos ha dado es pura suerte. Nuestro único mérito es haber nacido aquí y no en Haití.

Debemos darnos cuenta de que nosotros tenemos en nuestra mano cambiar el mundo. Variar, por una vez, la tendencia negativa. Demostrarles que mienten cuando dicen que la sociedad se va al carajo con las nuevas generaciones.
Si cada uno aporta su granito de arena... y pone a disposición de los demás lo mejor que tiene, lo mejor que sabe hacer, podemos eliminar la pobreza, la injusticia, el racismo, la discriminación… Solo dos palabras: tolerancia y compromiso.